Pedales MOZA CRP2 : Prueba y análisis | Cuánto valdrá realmente en 2026
Pedales MOZA CRP2: Mi opinión rápida
El MOZA CRP2 es un pedal con célula de carga de 200 kg diseñado en torno al freno, con un sensor de ángulo de 15 bits y una resistencia que se ajusta mediante elastómeros apilables. En la práctica, la modulación sigue siendo precisa y, sobre todo, constante durante sesiones prolongadas, lo que supone un auténtico avance con respecto al CRP original. La fabricación en aluminio y acero es impecable, el acelerador es suave y el embrague (opcional) resulta convincente. Un juego de pedales que exige un ajuste minucioso, pero que rinde por encima de su categoría.
Cuando usted compra a través de nuestros enlaces, podemos ganar una comisión de afiliación.
Lo que nos ha gustado
- Célula de carga de 200 kg con frenado preciso, lineal y muy constante
- Personalización del freno de gran tamaño gracias a los elastómeros apilables
- Mezcla de presión y carrera ajustable en Pit House para adaptar cada coche
- Fabricación de alta gama (aluminio, base de acero, reposatalón de carbono), rigidez total
- Acelerador suave y progresivo, embrague con un punto de deslizamiento convincente
- Funciona mediante USB en un ordenador, incluso con una base de otra marca
- Ajustes completos de posición (altura, ángulo, recorrido, reposatalón)
Las reservas
- El cambio de los elastómeros del freno resulta laborioso (hay que desmontarlo con el pie)
- La superficie de los pedales es muy resbaladiza; es obligatorio llevar calzado adecuado
- Reposatalón de carbono que sigue siendo una pieza de desgaste
- Placa de pedales obligatoria, redundante con algunos cockpits
- El embrague se vende por separado de la versión básica
- El cambio de embrague resulta un poco brusco con los ajustes más duros
Ficha técnica
| Tipo | Pedalier con célula de carga |
| Sensor de freno | Célula de carga de 0 a 200 kg + sensor angular de 15 bits (32 768 puntos) |
| Configuraciones de frenos | Más de 100 de serie, hasta 1764 con el kit Performance |
| Recorrido del freno | Entre 15 y 20 grados |
| Recorrido del acelerador | De 15 a 23 grados |
| Recorrido del embrague | De 15 a 25 grados (embrague opcional) |
| Materiales | Aluminio de calidad aeronáutica, base de acero de alta resistencia, reposatalón de carbono 3K |
| Ajustes | Altura de la suela y del reposatalón de hasta 30 mm, ángulo de 0 a 15 grados |
| Resistencia | Probado con más de un millón de pulsaciones del pedal |
| Conexiones | USB |
| Compatibilidad | PC y Xbox (a través del ecosistema MOZA) |
| Software | MOZA Pit House |
El freno, ante todo, porque es él quien lo decide todo
Montamos el CRP2 pensando que juzgaríamos estos pedales por un único aspecto: el freno, y está claro que MOZA ha diseñado todo el conjunto en torno a esta idea. La célula de carga soporta hasta 200 kg, mucho más de lo que realmente ejerce un pie humano durante una carrera, y este sobredimensionamiento se nota desde las primeras vueltas. Mientras que los pedales más modestos se saturan al presionar con fuerza, aquí la reserva sigue siendo enorme y la modulación nunca se colapsa. Se empuja, el pedal responde de forma lineal y se obtiene exactamente la misma presión en la siguiente frenada. Es esta repetibilidad la que permite ganar tiempo por vuelta, no una cifra de marketing.
Dos sensores, una señal que uno mismo configura

La particularidad del freno es que combina la célula de carga con un sensor angular de 15 bits (32 768 puntos). En la práctica, en el software Pit House se puede ajustar la proporción entre la presión y el recorrido que componen la señal de frenado. En un GT pesado, se da prioridad a la presión pura para tomar la curva con la fuerza de la pantorrilla. En un monoplaza ágil, se vuelve a introducir un poco de recorrido para sentir cómo el pedal se hunde bajo el pie. Es un ajuste que rara vez se ha visto tan accesible en esta gama, y es lo que permite adaptar el mismo equipo a coches que no tienen nada que ver entre sí.
Más de cien niveles de dureza de frenos, y no es ninguna exageración
MOZA anuncia más de un centenar de combinaciones de sensación de frenado de serie, y hasta 1.764 configuraciones con el kit Performance opcional. Detrás de estas cifras se esconde un sistema de elastómeros de diferentes durezas que se apilan para definir la curva de resistencia. En la práctica, se ha creado un sistema de frenado en dos fases que nos ha gustado mucho: una primera fase suave para colocar el coche a la entrada de la curva y, a continuación, un muro de resistencia al acercarse al umbral de bloqueo. Esta progresividad ayuda enormemente al «trail braking», cuando se suelta el pedal poco a poco mientras se gira. Una vez encontrada la combinación adecuada, el pie sabe exactamente en qué punto se encuentra sin necesidad de mirar la telemetría. El cambio de dureza se realiza sin herramientas, lo que invita a experimentar hasta dar con la sensación que mejor se adapta a tu coche favorito. Pasamos una buena media hora apilando y reordenando los bloques antes de fijar nuestra configuración, y esta fase de puesta a punto forma parte del placer tanto como de la dificultad.
El acelerador y el embrague siguen el movimiento

El acelerador cuenta con un mecanismo de resorte carenado que proporciona un recorrido suave y progresivo. La tracción al salir de una curva se dosifica con una delicadeza que no se encuentra en los pedales de gama básica, donde la respuesta suele ser brusca y binaria. Se incluyen dos muelles y la precarga se ajusta de forma continua, por lo que cada uno puede ajustar la firmeza a su gusto. El embrague, que se vende por separado, añade un auténtico punto de deslizamiento con un cambio de marcha nítido, muy agradable para arrancar desde parado o conducir un coche clásico con caja de cambios manual. Hay que reconocer, sin embargo, que en los ajustes más duros este cambio de marcha resulta un poco brusco, por lo que al final acabamos prefiriendo la configuración más suave.
Lo que se nota al tocar el producto

El CRP2 transmite seriedad. Cuerpo de aluminio de calidad aeronáutica, base de acero de alta resistencia, reposatalón de fibra de carbono 3K: el conjunto es pesado y perfectamente rígido. Nada se mueve, nada chirría; los ejes se deslizan en silencio gracias a su amortiguación interna. Se atornilla todo al manillar y la estructura no se mueve ni un milímetro, ni siquiera cuando se pisa el freno con todo el peso del cuerpo. MOZA afirma que ha superado más de un millón de pulsaciones por pedal en pruebas de resistencia, y en la práctica no hay motivo para dudarlo, ya que el montaje es impecable. Solo el reposatalón de carbono sigue siendo una pieza de desgaste que acabará marcándose con el paso del tiempo.
En el juego, tras varias horas al volante

Es en las sesiones largas donde el CRP2 nos ha convencido de verdad. En una carrera de resistencia simulada de una hora, el pedal de freno no se desvía, el punto de bloqueo se mantiene en el mismo lugar desde la primera hasta la última vuelta, y la memoria muscular se afianza de forma definitiva. Al frenar en la primera chicane, se entra tarde, se pisa a fondo y se modula al soltar el pie sin que el tren delantero se vea nunca sorprendido. Al salir de la curva lenta, el acelerador permite corregir un inicio de sobreviraje dosificando la aceleración, en lugar de a todo o nada. La fatiga de la pantorrilla, inevitable con una célula de carga exigente, se gestiona simplemente reduciendo la fuerza objetivo en Pit House, y se recupera la comodidad sin perder precisión. La instalación nos llevó un cuarto de hora, y la calibración en el software se realiza sin complicaciones. Un detalle práctico: la superficie de los pedales es muy resbaladiza, por lo que hay que conducir con zapatos y, sobre todo, nunca con calcetines, so pena de que el pie resbale en el peor momento. También nos ha gustado poder ajustar la altura de las plataformas de los pedales, el ángulo de los brazos, la precarga de los muelles y el recorrido, de modo que se ajusta la posición exactamente bajo el arco plantar en lugar de tener que adaptar la postura al material. El reposatalón deslizante de tres centímetros completa el conjunto y evita los calambres en las sesiones largas, una comodidad que se subestima hasta que no se ha probado en primera persona.
Los aspectos que molestan
Nada es perfecto, y el CRP2 presenta algunos defectos que se asumen. Cambiar los elastómeros del freno es tedioso; el manual incluso aconseja presionar con el pie para desmontar el conjunto, lo cual no resulta nada elegante. La placa de pedaleo incluida es obligatoria en el montaje estándar, un detalle que resulta redundante si tu manillar ya cuenta con su propia placa integrada. Además, la versión básica solo incluye el acelerador y el freno, por lo que el embrague es una compra adicional que hay que tener en cuenta si se quiere el trío completo.
Compatibilidad y ecosistema

El CRP2 se conecta por USB y funciona en PC, incluso con una base de otra marca, lo que lo convierte en un pedalero autónomo interesante incluso fuera del universo MOZA. En cuanto a las consolas, la compatibilidad anunciada incluye la Xbox a través del ecosistema MOZA. Sin embargo, no es un kit pensado para la PlayStation, un aspecto que conviene comprobar antes de la compra si tu plataforma principal es la consola de Sony. El software Pit House, común a todo el hardware de MOZA, centraliza la calibración, las curvas y la combinación de sensores en una interfaz a la que te acostumbras rápidamente.
¿Para quién, al fin y al cabo?

El CRP2 está pensado para el piloto de simulación que se toma en serio el frenado y que está dispuesto a dedicar algo de tiempo a ajustar su equipo. Para quienes vienen de un pedal con potenciómetro o con resorte, la mejora en precisión es espectacular. Para quienes ya cuentan con una base MOZA, la elección resulta obvia, ya que la integración es impecable. Se trata de un pedal con célula de carga de gama media que, sin duda, rinde por encima de su categoría, siempre y cuando te guste jugar con tu pila de elastómeros para encontrar el frenado perfecto.



Comentarios